Reflexión: "No huyas de Dios". (Jonás)


¿Quién no ha jugado alguna vez a las escondidas?

Mientras un amigo cuenta, los demás corremos a buscar el mejor escondite. Luego él saldrá a buscarnos… mientras nosotros haremos todo lo posible para que eso no suceda.


En la Biblia le toco a Adán inaugurar este juego. Dios es aquel que sale en busca del jugador que se esconde.

-¿Dónde estás tú?, pregunta Dios.
(Silencio en el aire)
-¿Dónde estás?, vuelve a preguntar.
(Él es quien toma la iniciativa, busca y llama…)
-Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo… y me escondí, susurra la voz temblorosa del primer hombre.

Este juego se ha extendido y ramificado por la historia de la humanidad. El hombre se esconde y huye de Dios, quien lo busca y llama constantemente.

Romanos 3: 11 es claro: “No hay quien busque a Dios”, no hay quien quiera encontrarse con él.


Así lo también lo vivió Jonás.
El Señor le dijo: "Levántate, y ve a Nínive, ciudad grande, y pregona contra ella; porque su maldad ha subido delante de mí." (Jonás 1: 1, 2)

Ante el llamado a predicar en Nínive, a cerca de 800 kilómetros de distancia, el temor se apodero de él. Su rechazo al mandato divino lo hizo olvidar de que el Dios a quien servía era omnisciente y omnipotente.
Sin duda mientras Jonás vacilaba y seguía dudando, Satanás le abrumó de desaliento.

(Profetas y Reyes 200)

Decidió huir a Tarsis (Tartessos), en la costa sur de España, a casi 3.000 kilómetros de distancia. Ciudad proverbial por su riqueza y que mantenía un activo comercio con la ciudad fenicia de Tiro y con otros países, a los que exportaba plata, hierro, estaño y plomo (Eze. 27: 12).
En ese distante y activo lugar Jonás esperaba huir de su deber y acallar la voz de su conciencia.

En Jope, actual puerto marítimo de Jaffa, a unos 54 km al noroeste de Jerusalén, toma un barco y se recuesta seguro que ha podido engañar a Dios.


Han pasado más de 2700 años y la historia poco ha cambiado. Seguimos intentando escondernos de Dios o esconder nuestros actos de él. Algunos llegan a ignorar su voz. Dios nos/los llama a través de diferentes instrumentos: un volante, un canto, alguna predicación, etc, pero ante estos intentos divinos por alcanzarnos nos alejamos. Aplazamos o postergamos momentos con Dios, decisiones por Dios.

Existen personas que por ningún motivo perderían una visita al médico, pero si aplazan la asistencia al culto u otra cosa relacionada con Dios. Otros prefieren ver partidos de futbol o salir con los amigos en vez de pasar unos momentos estudiando la biblia. Es verdad que todo tiene su tiempo y lugar, eso es indiscutible, pero es el Señor es quien generalmente se ve perjudicado al momento de nuestras elecciones. Él, pensamos nosotros, si puede esperarnos. Pero hoy es el día de la salvación. Nuestra salvación es diaria.

No es un extremo. La asistencia al médico es importante, salir con amigos es entretenido, pasar momentos con la familia es fundamental, cumplir nuestras obligaciones laborales es ser responsable. Todo esto tiene su tiempo. La pregunta fundamental es: ¿Cuál es el tiempo de Dios en tu vida? o ¿has estado rehuyendo sutilmente de Dios?

No abras solamente tu corazón a él, sino también programa tu día para pasar momentos diarios con tu Señor.

Allí radica el secreto del éxito.
No postergues ni ignores.
Deja que Dios te encuentre cada mañana. 



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One Response so far.

  1. Anónimo says:

    brllo me sirvio para dar una predica en mi escuela de instituto;gracias

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